Ascendí a las más abruptas cumbres...
Descendí a unas profundidades que se carcajeaban de la oscuridad de la noche...
Corrientes desbocadas enfocaron en mi toda su furia,
en un intento por ahogar mi voluntad.
Mas no lo consiguieron...
Las más violentas tormentas dejaron caer sobre mi toda su ira,
en un intento por apagar mi llama.
Vanos fueron sus intentos...
Asediado fui por los infiernos, que preso intentaron retenerme
para sufrir el eterno dolor de un fuego maldito que consumiera mi fuerza.
Mas mi fuego interior ganó la batalla.
Volví a la superficie y aparté los nubarrones con mis propias manos,
y ví que el sol seguia ahí, donde siempre habia estado, aunque no lo viese.
Noté su calor, distinto de aquel otro que intentó abrasarme antaño...
Lo que no pudo conmigo me hizo más fuerte,
y es esta fuerza la que ahora me da alas para llegar a cualquier parte,
a cualquier rincón...
Incluso al fondo de tu corazón.
